Johnson, Paul
<ul>
<li>En la década de 1.180 la Iglesia comenzó a atemorizarse profundamente ante la difusión de la herejía; ... mantuvo la ficción legal de que los herejes convictos e irredentos simplemente se veían 'privados de la protección de la Iglesia', que... 'se relajaba'; a partir de ese momento, el poder civil estaba en libertad de quemar a los herejes sin cometer pecado mortal. El relajamiento estaba acompañado por una petición formal de compasión; de hecho, ésta carecía de sentido y el funcionario civil (las autoridades y otros) no tenían más alternativa que quemar, pues de lo contrario ellos mismos se verían denunciados como 'defensores de herejes', y afrontarían personalmente los peligros del sistema.</li>
</ul>