Hitchens, Christopher
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<li>A Baruch Spinoza, se le reconoce la obra filosófica más original de todos los tiempos sobre la distinción entre “mente y cuerpo”. Su definición es en realidad un teísmo, que se acerca mucho a la de un “Dios religioso sin existencia”. Entonces, si existe una deidad cósmica dominante y preexistente que forma parte de su creación, entonces no queda sitio para un Dios que interviene en los asuntos humanos; y menos aún para un Dios que toma partido en feroces guerras aldeanas entre diferentes tribus de judíos y árabes.</li>
<li>Casi todas las religiones, desde el budismo hasta el islam, presentan o bien un profeta humilde o un príncipe que acaba identificándose con los pobres; pero ¿qué otra cosa es esto sino populismo?</li>
<li>Creo que ese planeta es usado como colonia penal, manicomio y basurero por una civilización superior para deshacerse de los indeseables e incapaces. No lo puedo probar, pero usted tampoco puede demostrar lo contrario.</li>
<li>¿Cuánto esfuerzo hace falta para afirmar lo increíble? ¿Cuántas suposiciones innecesarias es preciso postular y cuánta capacidad de tergiversación hace falta para tomar cada una de las nuevas ideas de la ciencia y manipularla hasta que encaje con las palabras reveladas por deidades de la antigüedad inventadas por el ser humano? ¿Cuántos santos, milagros, concilios y cónclaves son necesarios para establecer un dogma?</li>
<li>El debate sobre la fe es el origen y fundamento de todas las discusiones porque representa el comienzo de todas las discusiones acerca de la filosofía, la ciencia, la historia y la naturaleza humana. Es también el comienzo de todas las disputas sobre la vida buena y la ciudad justa. La fe religiosa es imposible de erradicar precisamente porque somos criaturas que todavía estamos evolucionando.</li>
<li>El Islam es ahora mismo el más interesante y el menos interesante de los monoteísmos del mundo. Se asienta sobre sus primitivos predecesores judío y cristiano, escogiendo un fragmento de aquí y un trozo de allá y, por tanto, si aquellos se vienen abajo, este en parte también.</li>
<li>El Papa Juan Pablo II pidió una disculpa a los judíos por los siglos de antisemitismo cristiano, una disculpa al mundo musulmán por las Cruzadas, otra disculpa a los cristianos ortodoxos del Este por las muchas persecuciones que Roma había desatado contra ellos, y un acto de contrición muy general sobre la Inquisición. Esto parecía afirmar que en el pasado la iglesia había estado fundamentalmente equivocada y a menudo se había comportado de forma criminal, pero que ahora había purgado sus pecados mediante la confesión y estaba lista otra vez para ser infalible acerca de todo.</li>
<li>Freud estaba bastante en lo cierto cuando describía el impulso religioso como algo esencialmente imposible de erradicar hasta que la especie humana venza su miedo a la muerte y su tendencia al pensamiento ilusorio, o a menos que ambas cosas sucedan. Todo lo que los totalitarismos han demostrado es que cuando se reprime el impulso religioso, la necesidad de rendir culto a algo puede adoptar formas más monstruosas.</li>
<li>Hasta casi el siglo XX la orden de los jesuitas se negaba en sus estatutos a acoger a un hombre a menos que pudiera demostrar que no había en él nada de “sangre judía” desde hacía varias generaciones.</li>
<li>La honradez humana no se deriva de la religión. La precede.</li>
<li>La madre Teresa no era amiga de los pobres; era amiga de la pobreza.</li>
<li>La religión es una creación del ser humano. Ni siquiera los seres humanos que la crearon pueden ponerse de acuerdo acerca de lo que dijeron o hicieron en realidad sus profetas, redentores o gurús.</li>
<li>La religión dijo sus últimas palabras inteligibles, nobles o inspiradoras hace mucho tiempo; a partir de ese momento, se convirtió en un humanismo admirable pero nebuloso.</li>
<li>La religión proviene de un período de la prehistoria de la humanidad en el que nadie tenía la menor idea de lo que sucedía. Proviene de la vociferante y atemorizada infancia de nuestra especie, y es una tentativa pueril de hacer frente a nuestra ineludible exigencia de conocimiento. Hoy día, el menos culto de mis hijos sabe mucho más sobre la naturaleza que cualquiera de los fundadores de la religión.</li>
<li>Lo primero que debe decirse es que la conducta virtuosa de un creyente no representa en absoluto una prueba de que lo que cree sea verdadero, y que de hecho ni siquiera es un argumento en defensa de la verdad.</li>
<li>Lo que puede ser afirmado sin pruebas, también puede ser descartado sin pruebas.</li>
<li>Los ateos, no necesitamos ningún sacerdote, ni ningún superior que custodie nuestra doctrina. Para nosotros, ningún lugar de la Tierra es o podría ser “más santa” que otra.</li>
<li>Los ateos, no tenemos necesidad de reunirnos todos los días, ni cada siete, ni con motivo de ninguna festividad, ni para proclamar nuestra rectitud o postrarnos y regodearnos en nuestra indignidad. No necesitamos ningún sacerdote, ni ninguna jerarquía superior que custodie nuestra doctrina. Abominamos de los rituales y las ceremonias, como también abominamos de las reliquias y del culto a cualquier tipo de imágenes u objetos.</li>
<li>Los primeros visitantes extranjeros que fueron al Tíbet quedaron francamente consternados ante un dominio feudal y unos castigos espantosos que mantenían a la población en situación de servidumbre permanente bajo una élite monástica parasitaria.</li>
<li>Me hice periodista para no tener que depender de la prensa para informarme.</li>
<li>No esperaba que la madre Teresa se revelara como atea. (Teresa de Calcuta)</li>
<li>Sobre todo necesitamos una Ilustración renovada que se fundamente en la proposición de que hay que estudiar de forma adecuada a la mujer y al hombre. Esta Ilustración no necesitará depender, como en sus etapas predecesoras, de los heroicos avances de una pocas personas con mucho talento y excepcionalmente valientes. Está al alcance de una persona media.</li>
<li>Sus superiores le contestan: “Eso es bueno. Es estupendo. Estás sufriendo. Te hace formar parte de la crucifixión, del calvario”. No puedes hacer nada contra un argumento como ése. (Teresa de Calcuta)</li>
<li>Un credo que desprecia la mente y la libertad individual, que predica la sumisión y la resignación y que considera que la vida es una cosa tan pasajera y desgraciada está mal equipado para la autocrítica.</li>
<li>Una vez que se asume un Creador y un Plan, eso nos transforma en objetos de un cruel experimento por el cual somos creados enfermos y se nos ordena estar sanos. Y sobre nosotros, para supervisar esto, se instala una dictadura celestial, una especie de Corea del Norte divina, codiciosa, exigente, hambrienta de alabanza acrítica desde el amanecer hasta el ocaso, y veloz en el castigo del pecado original con el cual amablemente nos obsequió para empezar.</li>
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