A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa.
Al principio de este universo no había galaxias, estrellas ni planetas, ni vida ni civilizaciones.
Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new agey el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización.
En la ciencia suele ocurrir que un científico diga: ’Es un buen argumento, yo estaba equivocado’, cambie de opinión y desde ese momento no se vuelva a mencionar la antigua posición. Realmente pasa. Aunque no lo frecuentemente que debería ya que los científicos son humanos y el cambio es a veces doloroso. Pero ocurre cada día. No recuerdo la última vez que algo así pasó en política o religión.
El nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro de nuestra sangre, el carbono de nuestras tartas de manzana se hicieron en los interiores de las estrellas en proceso de colapso. ¡Estamos hechos, pues, de sustancia estelar!
El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente.
Es corriente en muchas culturas responder que Dios creó el universo de la nada. Pero esto no hace más que aplazar la cuestión. Si queremos continuar valientemente con el tema, la pregunta siguiente que debemos formular es evidentemente de dónde viene Dios. Y si decidimos que esta pregunta no tiene contestación, ¿por qué no nos ahorramos un paso y decidimos que el origen del universo tampoco tiene respuesta? O si decimos que Dios siempre ha existido, ¿por qué no nos ahorramos un paso y concluimos diciendo que el universo ha existido siempre?
Es posible que el Cosmos esté poblado con seres inteligentes. Pero la lección darwiniana es clara: no habrá humanos en otros lugares. Solamente aquí. Sólo en este pequeño planeta. Somos no sólo una especie en peligro sino una especie rara. En la perspectiva cósmica cada uno de nosotros es precioso. Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias.
Hemos hecho un trabajo tan pésimo en lo que respecta a administrar nuestro planeta que deberíamos tener mucho cuidado antes de tratar de administrar otros.
La ausencia de prueba no es prueba de ausencia.
La idea de que Dios es un hombre blanco más grande de lo normal con una barba flameante que se sienta en el cielo y cuenta la caída de cada gorrión es ridícula. Pero si por Dios uno quiere decir el conjunto de leyes físicas que gobiernan el Universo, entonces claramente hay un Dios así. Este Dios es emocionalmente insatisfactorio... no tiene mucho sentido rezarle a la ley de gravedad.
La imaginación frecuentemente nos llevará a mundos que jamás fueron. Pero sin ella, no iremos a ningún lado.
La primera gran virtud del hombre fue la duda, y el primer gran defecto la fe.
La Tierra es un lugar más bello para nuestros ojos que cualquiera que conozcamos. Pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio.
La vida es sólo un vistazo momentáneo de las maravillas de este asombroso universo, y es triste que tantos la estén malgastando soñando con fantasías espirituales.
No hay ninguna especie en la Tierra que haga ciencia. Hasta ahora es una invención totalmente humana, que evolucionó por selección natural en la corteza cerebral por una sola razón: porque funcionaba. No es perfecta. Puede abusarse de ella. Es sólo una herramienta, pero es con mucho la mejor herramienta de que disponemos, que se auto corrige, que sigue funcionando, que se aplica a todo. Tiene dos reglas. Primera: No hay verdades sagradas; todas las suposiciones se han de examinar críticamente; los argumentos de autoridad carecen de valor. Segunda: Hay que descartar o revisar todo lo que no cuadre con los hechos.
No hay pruebas concluyentes de un padre cósmico que cuide de nosotros y nos salve de nosotros mismos. Depende de nosotros.
No puedes convencer a un creyente de nada porque sus creencias no están basadas en evidencia, están basadas en una enraizada necesidad de creer.
¿Por qué será que es tan difícil que ninguna religión dominante ha visto a la ciencia? El universo es más grande de lo que nuestro profeta dijo, mejor, más sutil, más elegante. En lugar de eso dicen, ‘No, no, no, mi Dios es un Dios pequeño y así quiero que se quede’. Una religión, vieja o nueva, que enfatice la magnificencia del universo como es revelada por la ciencia moderna podría motivar reservas de reverencia y admiración difícilmente documentadas por los cultos convencionales.
Se da testimonio de milagros, pero ¿y si en lugar de eso son una mezcla de charlatanería, estados de conciencia poco familiares, malas interpretaciones de fenómenos naturales y enfermedades mentales?
Si estamos solos en el Universo, seguro sería una terrible pérdida de espacio.
Si quieres salvar a tu hijo del polio puedes rezar o puedes vacunarlo. Aplica la ciencia.
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo... no aparece una sola mención que prohiba de modo específico el aborto. Ni san Agustín ni santo Tomás de Aquino consideraban homicidio el aborto en fase temprana (el último basándose en que el embrión no 'parece' humano). Esta idea fue adoptada por la Iglesia en el Concilio de Vienne (Francia) en 1312 y nunca ha sido repudiada. La primera recopilación de derecho canónico de la Iglesia católica... sostenía que el aborto era homicidio sólo después de que el feto estuviese ya 'formado', aproximadamente hacia el final del primer trimestre.
Tenemos que comprender el Cosmos tal como es y no confundir lo que es con lo que queramos que sea.
Trilobites y dinosaurios, que permanecieron aquí durante más de 100 millones de años, tal vez encontrarían graciosa la idea de que una especie que sólo lleva aquí una milésima parte de ese tiempo decida autoregirse guardiana de la vida en la tierra. Esa especie se encuentra en peligro.
Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología, y en la cual nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.