Cuando la gente pierde la fe en alguna religión determinada, tiene varias opciones: cambiar de religión, adoptar una vaga creencia deísta que no imponga obligaciones rituales, hacerse agnóstico o ateo, o inventar una nueva religión. Los norteamericanos, que producen de todo, fabrican nuevas religiones todos los años. Hace un siglo se conformaban con media docena, hoy ya tienen unas nueve mil registradas oficialmente. Muchas de las nuevas iglesias son meros negocios, otras son formas de entretenimiento, y otras más son aventuras.
El capitalismo ha tenido sus méritos históricos, pero es moralmente insostenible.
El mundo del hombre contemporáneo se funda sobre los resultados de la ciencia: el dato reemplaza al mito, la teoría a la fantasía, la predicción a la profecía.
En las religiones, la forma negativa de la “Regla de Oro” dice: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a tí. Y en forma positiva afirma: haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti. Cuando se trata de nuestra conducta para con el prójimo, todas las personas de buena voluntad están de acuerdo en que hay que vivir y ayudar a vivir.
En su libro fundacional y monumental, Adam Smith admitió que “la afluencia de los pocos supone la indigencia de los más”, y llegó a estimar que cada rico es sostenido por el trabajo de unos quinientos pobres.
En una sociedad auténticamente socialista, los bienes y las cargas, los derechos y los deberes se distribuyen equitativamente. En otras palabras, el socialismo realiza el ideal de la justicia social. Este ideal se justifica tanto ética como científicamente.
La ciencia niega la existencia de seres sobrenaturales, de almas inmateriales e inmortales, y de ritos esotéricos para curar la salud, enderezar la conducta propia o ajena o hacerse rico.
La psicología debería ser un departamento dentro de la medicina o las ciencias neuro cognitivas. Pretender estudiar el alma es algo medieval. El hombre no puede ser analizado por fuera de los mecanismos biológicos que lo determinan y del medio social en el que está inserto.
Las religiones seguirán atrayendo a la gente mientras haya miseria, guerra e ignorancia, porque ellas proveen algo que la ciencia no da: consuelo e ilusión de seguridad.
Los argentinos están obsesionados por el pasado. La gente se pelea más por el pasado que por el futuro. ¡Hay que pelear por el futuro no por el pasado!
Los humanistas seculares afirman que se puede ser una persona con moral sin religión. Arguyen que los códigos morales razonables y eficaces para la vida moderna consagran valores básicos comunes a toda la gente decente hoy día: bienestar, honestidad, lealtad, solidaridad, equidad, ayuda mutua, benevolencia, convivencia, seguridad, paz, justicia, libertad, democracia, trabajo, búsqueda y difusión de la verdad, y belleza.
Los marxistas tienen razón, pero la alternativa que proponen no es viable porque confunden socialización con estatización.
Marx ya no habla para nuestro siglo.
Ninguna de las escrituras sagradas condena la guerra, la pena de muerte, la tortura, la esclavitud, la servidumbre, ni la privación de la libertad de conciencia o de palabra.
No puede afirmarse que el socialismo fracasó, ya que nunca se lo ensayó, ni en el imperio soviético ni en ninguna otra parte. Lo que fracasó en la URSS fue el socialismo autoritario, esa imposible tentativa de imponer la igualdad a palos.
Yo no creo en la libertad sin igualdad ni fraternidad. La revolución francesa la pegó, los tres van juntos. Si subraya la libertad, lleva al desinterés por el bien social, si subraya la igualdad, disminuye la responsabilidad, la iniciativa y el liderazgo individual, y si subraya la fraternidad, está predicando que los zorros confraternicen con las gallinas, y eso no es posible. Las tres cosas juntas, sí.