Arendt, Hannah
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<li>Dios no sólo llegó tarde a la religión, sino que no era indispensable que hubiese llegado.</li>
<li>El creyente moderno que no pueda soportar la tensión entre duda y creencia, perderá de inmediato la integridad y profundidad de su creencia.</li>
<li>El desarrollo económico bajo ninguna condición puede conducir a la libertad o constituir una prueba para su existencia.</li>
<li>El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución.</li>
<li>Este es el precepto por el que he vivido: prepararse para lo peor, esperar lo mejor, y tomar lo que venga.</li>
<li>La Alemania de Hitler demostró que una ideología que invertía el mandamiento “no matarás” no tiene porque toparse con una resistencia abrumadora por parte de conciencias formadas en la tradición occidental. Al contrario, la ideología nazi fue capaz de invertir el funcionamiento de estas conciencias, como si la conciencia no fuese más que un mecanismo que indica si uno se encuentra o no ajustado a la sociedad conforme con sus creencias.</li>
<li>La creencia es necesaria para la multitud que carece de ojos para las medidas invisibles de todas las cosas visibles.</li>
<li>La doctrina del Infierno es justamente el castigo que puede significar más que la muerte eterna; es decir, un sufrimiento eterno en que el alma anhele la muerte.</li>
<li>La familia proporciona unos valores que quedan para toda tu vida. Una familia unida y llena de amor es un lujo difícil de conseguir.</li>
<li>La historia moderna ha mostrado que las alianzas entre “el trono y el altar” sólo sirven para desacreditar a ambos. Mientras que en el pasado el peligro estribaba en usar la religión como mero pretexto, al día de hoy el peligro es infinitamente mayor si intentamos infundir “pasión religiosa” a la vida política, en oponernos con una ideología de cosecha propia.</li>
<li>La larga alianza entre religión y autoridad no prueba necesariamente que el concepto de autoridad sea en sí mismo de naturaleza religiosa.</li>
<li>Los crímenes nazis explotan los límites de la ley; y en esto constituye precisamente su monstruosidad. Para esos crímenes no hay castigo lo suficientemente severo. Puede ser esencial colgar a Göring, pero es algo totalmente inadecuado. O sea, esa culpa, al contrario de la culpa criminal, sobrepasa y destruye cualquier sistema legal. Sencillamente, no estamos equipados para tratar (a un nivel humano y político) una culpa que está más allá del crimen y una inocencia que está más allá de la bondad o la virtud.</li>
<li>Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político.</li>
<li>Nobleza, dignidad, constancia y cierto risueño coraje. Todo lo que constituye la grandeza sigue siendo esencialmente lo mismo a través de los siglos.</li>
<li>Nunca en mi vida he 'amado' a ningún pueblo ni colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni a nada semejante. En efecto, sólo 'amo' a mis amigos y el único género de amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas.</li>
<li>Platón fue el más importante precursor de elaboradas descripciones de la separación geográfica de Infierno, Purgatorio y Paraíso, y no solamente el concepto de Juicio Final en punto a una vida eterna o a una muerte eterna y la alusión a un posible castigo tras la muerte. Las fuentes religiosas judeo-cristianas no fueron originales ni las primeras.</li>
<li>Si la multitud puede ser persuadida a creer en una opinión como si esta fuese verdadera, no puede ser instruida en la doctrina de la verdad.</li>
<li>Sólo cuando comenzamos a desconfiar de las percepciones sensibles, descubrimos que, en contra de toda nuestra experiencia cotidiana, la Tierra es la que gira alrededor del sol.</li>
<li>Y, al igual que la ley de los países civilizados presupone que la voz de la conciencia dice a todos “no matarás”, aún cuando los naturales deseos e inclinaciones de los hombres les introduzcan algunas veces al crimen, del mismo modo la ley común de Hitler exigía que la voz de la conciencia dijera a todos “debes matar”, a pesar de que los organizadores de las matanzas sabían muy bien que matar es algo que va contra los normales deseos e inclinaciones de la mayor parte de los humanos. El mal, en el Tercer Reich, había perdido la característica de constituir una tentación. Muchos alemanes y nazis -probablemente la inmensa mayoría-, tuvieron la tentación de no robar, de no permitir que sus semejantes fueron enviados al exterminio, de no convertirse en cómplices de estos crímenes al beneficiarse con ellos. Pero, bien lo sabe el Señor, los nazis habían aprendido a resistir la tentación.</li>
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