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Harris, Sam

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<li>El deber que impone la yihad es la llamada a conquistar el mundo, sin ambigüedades.</li>

<li>El Corán instruye a los fieles a despreciar a los infieles; y allana el camino para el conflicto religioso. Pocas religiones tiene más trazas de ser un culto a la muerte que el Islam.</li>

<li>En el pasado, la religión debe haber servido a algún propósito útil para la humanidad, pero ahora es el más grande impedimento para construir una civilización global.</li>

<li>En más de veinte estados en Estados Unidos en los que el castigo corporal en las aulas es legal. Es legal que un maestro golpee a un niño con una tabla de madera, dejando grandes moretones, ampollas e incluso partiendo la piel. Y cientos de miles de niños están sujetos a esto cada año. La lógica para este comportamiento es explícitamente religiosa. El mismo creador del universo nos ha dicho “no escatimar la vara, para no estropear al niño”. ¿Es buena idea someter a los niños al dolor la violencia y la humillación pública como vía para alentar el desarrollo emocional saludable y el buen comportamiento?</li>

<li>La gente tiende a organizarse en facciones a partir de las afirmaciones incompatibles que se hacen en los libros sagrados, en vez de hacerlo a partir del lenguaje, el color de la piel, el lugar de nacimiento, o cualquier otro criterio tribal.</li>

<li>La mayor parte de lo que creemos del mundo, lo creemos porque nos lo han dicho otros. Nos formamos esa visión confiando en la autoridad de “expertos” y en el testimonio de la gente ordinaria. Esto no implica que todas las formas de autoridad sean válidas, ni que todas las autoridades en algo sean siempre fiables.</li>

<li>La religión persuade a hombres y mujeres a no pensar en las cuestiones importantes para la civilización, con un alto costo.</li>

<li>La tolerancia religiosa, el respeto mutuo y el diálogo entre confesiones, sólo hacen más difícil criticar el extremismo religioso.</li>

<li>La variedad de religiones del mundo y su mutuo antagonismo, son las bases de muchos conflictos étnicos y sociales.</li>

<li>Las creencias religiosas quedan al margen de cualquier discurso racional. Se considera de mala educación criticar la idea que tenga alguien sobre Dios y la otra vida, pudiéndose criticar sus ideas sobre física o historia. Es por esto que no suele tenerse en cuenta la fe en el acto de un suicida musulmán al hacerse explotar junto a una veintena de inocentes en una calle de Jerusalén.</li>

<li>Las experiencias espirituales pueden tener valor, sin que estén conectadas con las creencias religiosas.</li>

<li>Las personas dispuestas a morir por creencias injustificadas son millones, y parece que millones están dispuestas a matar por ellas.</li>

<li>Los judíos de Europa fueron a menudo acusados de crímenes increíbles. El más habitual fue la creencia en que los judíos necesitaban sangre de cristianos para sus rituales. Que las judías menstruaban y que necesitaban sangre de cristiano para recuperar la pérdida, ya que los judíos tenían la costumbre de usar sangre cristiana como bálsamo. También se decía que la sangre cristiana calmaba los dolores del parto de cualquier judía. Y a los judíos que nacían ciegos se les frotaban los ojos con sangre cristiana, ésta les otorgaba el don de la visión. Los niños judíos solían nacer con la mano pegada a la frente, y sólo la sangre de un cristiano podía hacer que se rompiera ese gesto pensativo sin peligro para el niño. Los cristianos medievales creían que los judíos usaban su sangre en todo, tanto para pintarse los labios como para confeccionar filtros amorosos o profilácticos contra la lepra. Los judíos manchaban a sus moribundos con sangre de un bebé cristiano (recién bautizado y luego asfixiado), diciendo: “Si el Mesías prometido por los profetas ha venido de verdad, y es Jesús, que esta sangre inocente te asegure la vida eterna”.</li>

<li>Nada supera a la profanación de la hostia, cuyo castigo preocupó durante siglos a los cristianos piadosos. Una vez establecida la doctrina de la transubstanciación, es desde entonces el dogma central de la fe cristiana. Por tanto, era un hecho indiscutible que la hostia de la comunión se transforma en el cuerpo viviente de Jesucristo. Una vez establecido este increíble dogma, los cristianos empezaron a preocuparse porque esas hostias vivas pudieran verse sometidas a toda clase de maltrato, incluso tortura física, a mano de herejes y judíos. ¿Podía haber alguna duda de que los judíos querían volver a hacer daño al hijo de Dios, ahora que cuerpo era fácilmente accesible en la forma de indefensas galletas? Hay relatos históricos que sugieren que hasta tres mil judíos fueron asesinados en respuesta a una sola acusación de este crimen imaginario. La profanación de la hostia se castigó por toda Europa durante siglos. Fue de esta historia de persecución ordenada de donde surgió el antisemitismo. Hasta movimientos explícitamente anticristianos, como el nazismo alemán o el socialismo ruso se las arreglaron para heredar y ejercer la intolerancia doctrinal de la iglesia.</li>

<li>No hay ningún motivo para creer que podremos sobrevivir indefinidamente a nuestras diferencias religiosas. Las creencias religiosas no podrán protegerse de las repercusiones de la investigación y la crítica genuinas.</li>

<li>No se conoce de ninguna sociedad en la historia que haya sufrido debido a que su pueblo se volviera razonable.</li>

<li>Pasamos nuestro tiempo hablando del matrimonio gay y no de genocidio, proliferación nuclear, pobreza, o cualquier otro tema con grandes consecuencias.</li>

<li>¿Qué podría motivar que millones de seres humanos reconsiderasen sus creencias religiosas? Bastaría con que los padres y educadores respondieran con sinceridad a las preguntas de los niños.</li>

<li>Todos ellos están perversamente de acuerdo en un único punto fundamental: Dios no apoya el “respeto” por las demás creencias o por lo que puedan opinar los infieles. Aunque todos los credos han sido tocados en alguna que otra ocasión por el espíritu del ecumenismo, el principio central de todas las tradiciones religiosas dicta que las demás están equivocadas o peligrosamente incompletas. Por tanto, la intolerancia es intrínseca al credo religioso. Desde el mismo momento en que una persona cree de verdad que las ideas pueden conducir a la felicidad eterna, o a su antítesis, ya no puede tolerar la posibilidad de que sus seres queridos puedan desviarse del buen camino, ya sea por su cuenta o por la influencia de los infieles.</li>

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