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Vallaki

Cuando pasan al pueblo:

Pasan del camino de tierra a calles empedradas, con el lodo manchando sus botas. Detrás de ustedes, las puertas se cierran de golpe, y ven cómo los guardias retoman sus puestos tras ellas. A lo lejos, alcanzan a ver otras dos figuras con picas patrullando las murallas, observando desde lo alto el bosque retorcido que se extiende más allá.

De las fachadas de los edificios cuelgan estandartes viejos y telas desgarradas que se agitan y se retuercen con la brisa helada. Los estandartes tienen palabras e ilustraciones ya deslavadas.

Una luz de velas titilante se alcanza a ver desde atrás de las ventanas cerradas de las casas, y sombras humanoides se mueven tras cortinas corridas. Sombras alargadas acechan en los callejones, donde la hierba crece larga y torcida bajo la madera manchada de los edificios.

Las calles están vacías, aunque ven a una figura encapuchada alejándose por la calle principal. A lo lejos, más allá de las murallas, un lobo solitario aúlla, y una ráfaga de viento frío corta la noche como un cuchillo.

Pasan a un lado de Depósito Arasek

Este gran corral de almacenamiento tiene varios cobertizos cerrados con llave a su alrededor y se encuentra junto a un amplio almacén. Un letrero de madera sobre la puerta principal dice: «Depósito Arasek».

Estacionada en el extremo sur del corral hay una resistente carreta de carnaval, con la pintura colorida descascarándose. Letras deslavadas en sus costados forman las palabras: «El Carnaval de Maravillas de Rictavio». Un pesado candado asegura la puerta trasera.

Cuando se topan a Ernst Larnak

Ven a un hombre de pelo largo pero con una frente enorme. Con vestimetna roja bordada en dorado. Tiene un gesto de sospecha y disgusto mientras los ve detenidamente.

Ernst se va a Wachterhaus a informarle a Lady Wachter.

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