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Tomo con las manos...

Tomo con las manos las flores más bellas y asequibles de una espiral multicolor para depositarlas en la valija que me has dado. Y al final, no importa lo que haga, quedo con unas pocas, como una magia enorme pero apenas incipiente.

-Después de tantos años, ¿esto es todo lo que tengo? -te digo suplicante.

Y lo intento miles de veces para obtener una casi nula e insultante mejora.

Me siento como un viejo encorvado que esperará la muerte por largos años, con una ínfima cosecha como estulto consuelo.

Entonces de tus labios sale un remolino casi infinito de todos los colores imaginables, rara sinfonía que eriza la piel entre el miedo, la esperanza y la euforia. Veo como otras flores de innumerables formas nacen y mueren antes que pueda atraparlas, como un caleidoscopio de seres mágicos extraños y cambiantes.

-Esa es mi historia -me dices, mientras me extiendes tu mano para que caminemos juntos-. Aún busco la inmensidad.

José Luis López Goytia, octubre 2020